“Un matrimonio cristiano no es una pareja perfecta, más bien es una pareja que confía más en Dios que en sus perfecciones.”

VIERNES 06 DE OCTUBRE DEL 2017

EVANGELIO
[Quien me rechaza a mí rechaza al que me ha enviado.]
Del santo Evangelio según San Lucas 10, 13-16

En aquel tiempo, Jesús dijo: “¡Ay de ti, ciudad de Corozaín! ¡Ay de ti, ciudad de Betsaida! Porque si en las ciudades de Tiro y de Sidón se hubieran realizado los prodigios que se han hecho en ustedes, hace mucho tiempo que hubieran hecho penitencia, cubiertas de sayal y de ceniza. Por eso el día del juicio será menos severo para Tiro y Sidón que para ustedes. Y tú, Cafarnaúm, ¿crees que serás encumbrada hasta el cielo? No. Serás precipitada en el abismo”. Luego, Jesús dijo a sus discípulos: “El que los escucha a ustedes, a mí me escucha; el que los rechaza a ustedes, a mí me rechaza y el que me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado”. Palabra del Señor.

REFLEXION
Para los judíos, bendecir “al Dios de los cielos” que no podían ver ni tocar era sencillo, pero ver a Dios caminando entre sus calles y sinagogas, ¡era impensable e inadmisible!

En cambio Jesús estaba convencido que era Dios quien caminaba entre su Pueblo, al grado de afirmar “El que los escucha a ustedes, me escucha a mi… y al que me ha enviado”.

Cuántas veces no nos sucede lo mismo a nosotros… puede ser fácil ser devoto de la Eucaristía,… pero amar a Dios en mi prójimo, no es una devoción tan fácil de desarrollar.

¡Qué increíble es Dios! Él se atrevió a “dejarse representar” por mi y por ti, de tal manera que a quien a ti te escucha, a Dios escucha… y a quien a ti te rechaza, a Dios rechaza. ¡Cómo no cuidar nuestras palabras y nuestras acciones! ¡Como miembros de la Iglesia, somos sacramentos del amor de Dios para los hombres! No por nuestra perfección, sino por su Misericordia.

Esto NO lo dijo Jesús pensando que seríamos perfectos o sabios como Dios,… más bien lo dijo asumiendo que nos equivocaríamos, y seríamos débiles, y necios… ¡esta es la grandeza de Dios! que reconociéndonos limitados se atrevió a manifestarse en nosotros.

Más aún, Dios suele manifestar su salvación desde la debilidad, las dificultades y las tragedias… el testimonio más claro de esto, es Jesús. Del crucificado, brotó la vida que jamás se acaba.

¡Cuántos matrimonios se salvarían si comprendieran que no se aman por ser perfectos, sino porque Dios les da la fuerza para amarse, a pesar de sus limitaciones! Ser un matrimonio cristiano no significa ser una pareja perfecta, más bien significa ser una pareja que confía más en Dios que en sus perfecciones.

Caminemos hoy con la conciencia de ser testigos de Dios, no por nuestra perfección, sino por su misericordia.

Creo Señor pero aumenta mi fe,

Pbro. Héctor M. Pérez V.