“Jesús se hizo niño confiando más en la “lógica de Amor” de su Padre, que en la “lógica de poder” de las autoridades.”

LUNES 02 DE OCTUBRE DEL 2017

EVANGELIO
[El más pequeño entre todos ustedes, ése es el más grande.]
Del santo Evangelio según San Lucas 9, 46-50

Un día, surgió entre los discípulos una discusión sobre quién era el más grande de ellos. Dándose cuenta Jesús de lo que estaban discutiendo, tomó a un niño, lo puso junto a sí y les dijo: “El que reciba a este niño en mi nombre, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe también al que me ha enviado. En realidad el más pequeño entre todos ustedes, ése es el más grande”. Entonces, Juan le dijo: “Maestro, vimos a uno que estaba expulsando a los demonios en tu nombre; pero se lo prohibimos, porque no anda con nosotros”. Pero Jesús respondió: “No se lo prohíban, pues el que no está contra ustedes, está en favor de ustedes”. Palabra del Señor.

REFLEXION

“El más pequeño entre todos ustedes, ése es el más grande.” ¿Es esta frase de Jesús una “tierna” metáfora o un “estrategia revolucionaria” para su victoria?

Escuchar esta frase contemplando la Cruz nos puede ayudar a comprender la profundidad y la realeza de estas palabras. Jesús no se presentó como el Sumo sacerdote (que sí era) o el rey de Israel (que también era) para salvar a su Pueblo; no se hizo de un gran ejército, ni fundó alguna escuela rabínica que influyera en el pensamiento de los fariseos y escribas.

Jesús no buscó títulos o reconocimientos para salvarnos.

¿Qué hizo Jesús para salvarnos? Él sólo buscó vivirse como el Hijo fiel al Padre… usó su poder y autoridad para servir al más débil y jamás se sirvió de este poder para beneficiarse. Jesús se hizo niño confiando más en la “lógica de Amor” de su Padre, que en la “lógica de poder” de las autoridades.

Jesús, desde la cruz nos muestra que quien confía su vida al Padre es más fuerte que quien utiliza su fuerza o su dinero para imponer su voluntad. Hacerse como niños es reconocer que hay alguien más fuerte y más sabio que nosotros… y ese es Dios nuestro Padre.

La autoridad es necesaria en una familia, en una empresa, en el gobierno. A quien le toca educar, dirigir o coordinar, mal haría si no cumpliera su tarea. Sin embargo, Jesús nos enseña que la autoridad es un don del Padre que no nos hace “superiores” sino “servidores”… “siervos del Amor del Padre por nuestra familia, nuestra empresa, nuestro pueblo”.

Caminemos hoy con el corazón de un niño, cumpliendo todas nuestras responsabilidades como adultos, con nuestra mirada y nuestra confianza en Dios nuestro Padre.

Buen inicio de semana,

Pbro. Héctor M. Pérez V.