“Busquemos a Cristo en nuestra familia y encontraremos entre nosotros lazos más profundos que la misma sangre”

MIERCOLES 04 DE OCTUBRE DEL 2017

EVANGELIO
[Te seguiré a donde quiera que vayas.]
Del santo Evangelio según San Lucas 9, 57-62

En aquel tiempo, mientras iban de camino Jesús y sus discípulos, alguien le dijo: “Te seguiré a donde quiera que vayas”. Jesús le respondió: “Las zorras tienen madrigueras y los pájaros, nidos; pero el Hijo del hombre no tiene en dónde reclinar la cabeza”. A otro, Jesús le dijo: “Sígueme”. Pero él le respondió: “Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre”. Jesús le replicó: “Deja que los muertos entierren a sus muertos. Tú ve y anuncia el Reino de Dios”. Otro le dijo: “Te seguiré, Señor; pero déjame primero despedirme de mi familia”. Jesús le contestó: ‘El que empuña el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios”. Palabra del Señor.

REFLEXION
El Evangelio de hoy presenta una disyuntiva muy fuerte: ¿Pide Jesús que nos olvidemos de nuestros muertos y nuestra familia por seguirlo a Él? ¿No es Él quien nos invita a amar al prójimo que está en nuestra familia? ¿Qué quiere decirnos el Evangelio entonces?

No es la primera vez que Jesús sitúa su seguimiento por encima de la familia. Hace unos días escuchamos que dijo: “Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la Palabra y la ponen en práctica”.

¿Qué está entonces pidiéndonos Jesús? ¿Olvidarnos de nuestros muertos y de nuestra familia? ¡NO! Más bien, nos pide amarlos a través o a partir de Él.

Él es el muerto que ha vencido la muerte y sólo creyendo en Él podremos después enterrar con esperanza a nuestros muertos… Él es quien fortalece los lazos de la sangre con los lazos de su Espíritu y mantiene unida a la familia haciendo posible un Amor misericordioso, que supera nuestras adversidades y limitaciones.

¡La clave está en Jesús! Seguirlo a Él nos llevará al prójimo; amarlo a Él nos ayudará a amar más a nuestra familia. Creer en él nos permitirá enterrar a nuestros muertos con esperanza. Pero para que esto suceda, nuestra fe en Él debe de ser más profunda que “una tradición” o un crucifijo colgado en alguna parte de la casa.

Creer en el amor de Jesús, en su misericordia, en su Palabra viva, implica vivir el gozo de su Amor y su presencia todos los días y no sólo algunos domingos.

¿Seremos capaces de seguirlo así? ¿O preferiremos creer en un Dios “dominical” u “ocasional”? Busquemos a Cristo en nuestra familia y así encontraremos que tenemos lazos más profundos que la misma sangre.

Creo Señor, pero aumenta mi fe.

Pbro. Héctor M. Pérez V.