VIERNES 22 DE SEPTIEMBRE DEL 2017

EVANGELIO
[Algunas mujeres acompañaban a Jesús y le ayudaban con sus bienes.] Del santo Evangelio según San Lucas 8, 1-3
En aquel tiempo, Jesús iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, predicando el Evangelio del reino de Dios; lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que él había curado de malos espíritus y enfermedades: María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, intendente de Herodes; Susana y otras muchas que le ayudaban con sus bienes. Palabra del Señor.

REFLEXION

Este breve pasaje del Evangelio nos da testimonio de lo diferente que era Jesús respecto a los maestros de su tiempo.
Dos cosas me llaman la atención.
Jesús no se queda en un solo lugar a enseñar esperando a que vengan todos a Él. Jesús acerca el Evangelio a la gente, no busca ser el centro de atención; más bien hace de su prójimo el centro de su vida; y especialmente del prójimo que se encuentra alejado de Dios. Vive su misión, “en salida”, como nos lo ha pedido el Papa Francisco.
La otra actitud que me llama la atención es que Jesús se deje acompañar por algunas mujeres. Para comprender lo revolucionario de este hecho, hay que saber que para un judío, la mujer no debía compartir los mismos espacios de oración. Con ellas los hombres no tenían porque hablar de Dios… pero Jesús se deja acompañar por ellas, las instruye, les comparte momentos de oración. ¡Todos son igualmente amados por Dios!
¡La Buena Nueva que Jesús nos trajo, no hacía distinciones! Nadie era “más digno” a un lado de los demás… Hombres y mujeres, pobres y ricos, sanos y
enfermos, judíos y gentiles… ¿quién era el único que quedaba excluido de su mensaje? ¡El que cerrara su corazón al Espíritu Santo!
¿Cómo puedes seguir los pasos de Jesús? ¿Qué significaría para ti, ser parte del grupo que acompaña a Jesús?
El cristianismo no es un “status social”, ni una “grado religioso o académico”… ser cristiano es un “status misionero”, es una actitud constante que busca compartir la Buena nueva del Amor de
Dios en todo momento y con toda persona… porque “nadie está excluido del amor de Dios”.
Al rechazar a alguien por sus opciones, sus errores, sus límites, corremos el riesgo de estar rechazando a Jesús que quiere ser amado en él o ella.
Dios nos permita caminar con Él en este día… y ser testigos de su Amor.

Pbro. Héctor M. Pérez V.