“Escribas y fariseos rechazan a Jesús porque para ellos ‘es un pecador’ y un ‘blasfemo’… ¿y tú, por qué rechazas a tu prójimo?”

MIERCOLES 30 DE AGOSTO DEL 2017

EVANGELIO
[Sois hijos de los que asesinaron a los profetas.]
Del santo Evangelio según San Mateo 23, 27-32
En aquel tiempo, Jesús dijo a los escribas y fariseos: “¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, porque son semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera parecen hermosos, pero por dentro están llenos de huesos y podredumbre! Así también ustedes: por fuera parecen justos, pero por dentro están llenos de hipocresía y de maldad. ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, porque les construyen sepulcros a los profetas y adornan las tumbas de los justos, y dicen: ‘Si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros padres, nosotros no habríamos sido cómplices de ellos en el asesinato de los profetas’! Con esto ustedes están reconociendo que son hijos de los asesinos de los profetas. ¡Terminen, pues, de hacer lo que sus padres comenzaron!”. Palabra del Señor.

REFLEXION
Continuamos escuchando en el Evangelio como Jesús está indignado, enojado, misteriosamente “impotente” ante la ceguera de los dirigentes religiosos. Sabía que terminarían rechazándolo… y a pesar de confiar que su Padre guiaba sus pasos, le dolía ver esos corazones tan cerrados a la presencia viva de Dios y tan aferrados a unas leyes.
Dios estaba en medio de su pueblo, había cumplido su promesa en Jesús… pero los dirigentes no podían dejar a un lado las leyes y los ritos que habían creado para relacionarse con Dios.
¡Si Dios quería hablarles, lo tendría que hacer como ellos decían!
¡Cuántas veces nos podemos privar de la presencia de Dios en nuestro prójimo por nuestros prejuicios religiosos! Nada más lejano a lo que nos enseñó Jesús. Rechazar el pecado, nunca nos ha de llevar a rechazar al pecador… pues todos hemos sido amados por Dios, siendo pecadores.
Cuidémonos de la hipocresía al “sentirnos puros” por estar cumpliendo la ley… no vaya ser que al estar rechazando a nuestro prójimo o juzgándolo por “pecador”, estemos rechazando una oportunidad para amar a Jesús.

Dios nos colme de su Luz,

Pbro. Héctor M. Pérez V.