“Si mi hermano comete un pecado”… ¿A mi qué? Esta es la respuesta más común que hoy escuchamos”.

MIERCOLES 16 DE AGOSTO DEL 2017

EVANGELIO
[Si te hace caso, has salvado a tu hermano.]
Del santo Evangelio según San Mateo 18, 15-20
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Si tu hermano comete un pecado, ve y amonéstalo a solas. Si te escucha, habrás salvado a tu hermano. Si no te hace caso, hazte acompañar de una o dos personas, para que todo lo que se diga conste por boca de dos o tres testigos. Pero si ni así te hace caso, díselo a la comunidad; y si ni a la comunidad le hace caso, apártate de él como de un pagano o de un publicano. Yo les aseguro que todo lo que aten en la tierra, quedará atado en el Cielo, y todo lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el Cielo. Yo les aseguro también que si dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir algo, sea lo que fuere, mi Padre celestial se lo concederá; pues donde dos o tres se reúnen en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos”. Palabra del Señor.

REFLEXION
Después de una interpretación muy rigurosa de este pasaje, en base al cual tristemente la iglesia excomulgaba, marcaba y separaba … hoy, la sociedad ha reaccionado con el otro extremo: “si mi hermano quiere drogarse, corromperse, ser infiel, exhibirse o suicidarse… ¡a mi qué!”
Ahora estás “excomulgado” si no estás de acuerdo con la filosofía de ¡“todo se vale” y “a ti que te importa”!
Hoy pueden abortar un bebé, pero no matar un toro, y si reclamas te dirán “¡A ti qué te importa!”… pueden mezclarse sexualmente como quieran, pero no pueden mezclar la basura… y si expresas tu opinión contraria, serás tildado de ¡retrógrada!… los hijos pueden no tener un Dios en quien creer, pero no debe faltarles un equipo a quien gritar…y si la abuela reclama, se le contesta: ¡tu no te metas!
Jesús se presenta como “contra-cultural” cuando nos dice: ¡“Si tu hermano comete un pecado, ve y amonéstalo”! … ¡todo lo que aten en la tierra, quedará atado en el Cielo!
Una actitud muy difícil la que nos pide Jesús. Sobre todo si la conjugamos con tantas otras veces en las que nos habló de no juzgar y perdonar: “quien no tenga pecado que tire la primera piedra”; “dejen que la cizaña y el trigo crezcan hasta que Dios lo separe”, “perdonen hasta setenta veces siete”…
La solidaridad con la vida, la verdadera vida, la vida plena a la que estamos llamados como hijos de Dios no es nada fácil. Comprender que nuestra plenitud está en el “nosotros”, y no sólo en el “yo”, es un reto muy grande para el cristiano… ¡sobre todo hoy!
Por eso el pasaje termina con la oración en común, pues el único camino para vivir el compromiso de caminar juntos, es orando juntos. Es Dios quien nos concede la capacidad de alcanzar la comunión por su Espíritu y no sólo nuestros acuerdos humanos. Es la oración la que nos permite descubrir la vida a la que estamos llamados.
No tengamos miedo a comprometernos con nuestros hermanos… no lo hacemos como jueces, ni como santos, sino como hijos de un mismo Padre, hermanos de una misma familia.
Jesús nos ha prometido que ahí donde dos o tres se reúnen en su nombre, ahí estará Él en medio de ellos. Por eso nada de lo que nos dice hoy se comprende fuera de la oración y fuera de la fe.

Dios los colme de su paz,

Pbro. Héctor M. Pérez V.