JUEVES 10 DE AGOSTO DEL 2017

EVANGELIO
[Tú eres Pedro, y te daré las llaves del reino de los cielos.]
Del santo Evangelio según San Mateo 16, 13-23
En aquel tiempo, cuando llegó Jesús a la región, de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?” Ellos le Respondieron: “Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o alguno de los profetas”. Luego les preguntó: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” Simón Pedro tomó la palabra y le dijo: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Jesús le dijo entonces: “¡Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque esto no te lo ha revelado ningún hombre, sino mi Padre, que está en los cielos! Y yo te digo a ti que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella. Yo te daré las llaves del Reino de los cielos; todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo”. Y les ordenó a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías. A partir de entonces, comenzó Jesús a anunciar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén para padecer allí mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que tenía que ser condenado a muerte y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y trató de disuadirle, diciéndole: “No lo permita Dios, Señor. Eso no te puede suceder a ti”. Pero Jesús se volvió a Pedro y le dijo: “¡Apártate de mí, Satanás, y no intentes hacerme tropezar en mi camino, porque tu modo de pensar no es el de Dios, sino el de los hombres!” Palabra del Señor.

REFLEXION
Qué increíble relato nos ofrece hoy el Evangelio sobre nuestra condición humana y en la que hacemos vida nuestra vocación divina.
Pedro es iluminado por Dios para reconocer a Jesús como “el Mesías, el Hijo de Dios vivo”, además Jesús lo llama “bienaventurado” (dichoso tu Pedro), y por último pone Jesús sobre sus hombros la responsabilidad de edificar la comunidad de creyentes que habrían de continuar su obra, la Iglesia.
Todas estas distinciones y responsabilidades ¡no lo alejan de su humanidad! Pedro no quiere ver sufrir a su Maestro y es amonestado por ser portador de una tentación de satanás.
Nuestra humana debilidad no debe de confundirnos, ¡todos estamos llamados a una vocación divina! Dios nos creó a todos para ser hijos suyos: a unos los creó para formar familias que multiplicaran la especie y dieran testimonio de su amor… a otros los creó para que consagrasen su vida a difundir su mensaje de Misericordia.
¡A todos nos creó para el Amor!
Pero al llamarnos a tan alta vocación, lo hizo sabiendo que somos humanos y por ello limitados, con errores y defectos. Así nos ama y así nos llama a cumplir nuestra vocación. Por eso debemos estar siempre atentos a nuestras fallas, errores, limitaciones y reconocer con humildad que “perfecto”… sólo Dios.
Para vivir nuestra vocación al amor no hay que renunciar a ser humanos… ¡al revés! hay que luchar por ser plenamente humanos.

Gracias Señor, porque eterna es tu misericordia,

Pbro. Héctor M. Pérez V.