“Dios que te creó sin ti, no te puede salvar sin ti. El límite de su misericordia es nuestra voluntad”.

JUEVES 03 DE AGOSOTO DEL 2017

EVANGELIO
[Reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran.]
Del santo Evangelio según San Mateo 13, 47-53
En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “El Reino de los Cielos se parece también a la red que los pescadores echan en el mar y recoge toda clase de peces. Cuando se llena la red, los pescadores la sacan a la playa y se sientan a escoger los pescados; ponen los buenos en canastos y tiran los malos. Lo mismo sucederá al final de los tiempos: vendrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los arrojarán al horno encendido. Allí será el llanto y la desesperación. ¿Han entendido todo esto?”. Ellos le contestaron: “Sí”. Entonces Él les dijo: “Por eso, todo escriba instruido en las cosas del Reino de los Cielos es semejante al padre de familia, que va sacando de su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas”. Y cuando acabó de decir estas parábolas, Jesús se marchó de allí. Palabra del Señor.

REFLEXION
“Quién soy yo para juzgarlos”. Con estas palabras el Papa Francisco nos ha dejado claro que no es a nosotros que nos toca excluir a alguien del Cielo. Sin embargo, un día tendremos que encontrarnos con Dios, y Él nos hará ver si hemos errado en nuestro camino, o hemos acertado. Esto lo reitera hoy el Evangelio.
Cuando nuestra vida en este mundo termine, sabremos con certeza a dónde nos guiaron las decisiones que tomamos. Dios estará ahí para recibirnos, y lo hará con misericordia; pero si toda la vida nos negamos a reconocerlo e ignoramos su Testimonio de amor… ¡Imposible que su Misericordia nos importe ese día!
Esto es lo que la parábola nos quiere enseñar… habrá un día, donde los hijos del Reino encontrarán su lugar en la felicidad eterna… y los que negaron siempre su condición de hijos, no podrán disfrutar del amor del Padre.
Dios que te creó sin ti, no te puede salvar sin ti. Su misericordia tiene un solo límite: nuestra voluntad.
Muchos han utilizado esta imagen para infundir miedo… y eso no es de Dios. ¡Jesús no lo dijo para infundir miedo! Lo hizo para animarnos… para que comprendamos que si luchamos por ser fieles a Él y a los valores del Reino, encontraremos a un Dios misericordioso al final de nuestro camino. Pero si jamás nos importó luchar para vivir con plenitud los valores infundidos en nosotros, fuese en el credo que fuese… grande será nuestra sorpresa.
Jesús termina con una pregunta que debería calar en nuestra mente y nuestro corazón hoy: “¿Han entendido todo esto?”
¡Ojalá que sí! Somos libres para decidir cómo y a quien amar… ¡pero tenemos que decidirnos a amar! Pues al final, seremos juzgados en el amor.
Espíritu Santo, fuente de luz, ilumínanos.

Pbro. Héctor M. Pérez V.