“¿De dónde ha sacado éste esa sabiduría si él es uno de los nuestros?”

VIERNES 04 DE AGOSTO DEL 2017

EVANGELIO
[¿No es el hijo del carpintero? Entonces, ¿de dónde saca todo eso?]
Del santo Evangelio según San Mateo 13, 54-58
En aquel tiempo, Jesús llegó a su tierra y se puso a enseñar a la gente en la sinagoga, de tal forma, que todos estaban asombrados y se preguntaban: “¿De dónde ha sacado éste esa sabiduría y esos poderes milagrosos? ¿Acaso no es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama María su madre y no son sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? ¿Qué no viven entre nosotros todas sus hermanas? ¿De dónde, pues, ha sacado todas estas cosas?”. Y se negaban a creer en Él. Entonces, Jesús les dijo: “Un profeta no es despreciado más que en su patria y en su casa”. Y no hizo muchos milagros allí por la incredulidad de ellos. Palabra del Señor.

REFLEXION
Si Dios habla “desde las alturas” los hombres no le creen porque les parece que Dios no entiende lo que es vivir en este mundo.
Si Dios habla “como uno de los nuestros”, los hombres no le creen ¡porque no puede ser que esté tan cercano a nosotros!
¡Excusas para no creer las tendremos siempre!
El hecho es que Dios ha decidido caminar no sólo “con” los hombres, sino “entre” los hombres… haciéndose hombre. ¿Estaremos dispuestos a creer en un Dios tan cercano?
Un Dios que se une al corazón de una madre que llora por su hijo, un Dios que fortalece el corazón de un padre que lucha por sostener a su familia… un Dios que inspira a otros a entregar sus vidas para que su Amor sea reconocido y glorificado… un Dios que quiere ser amado en los más pequeños, en lo más ordinario de nuestra vida familiar y social.
¡Este es el Dios que se hace hermano, hermana, padre y madre! ¿Nos atreveremos a reconocerlo entre nosotros? ¿Creeremos en el Dios que es tan perfecto que es capaz de manifestarse en la imperfección de nuestro prójimo? ¿O seguiremos prefiriendo al Dios del Templo, al que podemos encerrar en un tabernáculo y dejarlo fuera de nuestras vidas ordinarias?
Bello es alabar a Dios presente en la Eucaristía… ¡pero más sublime… y cristiano es reconocerlo y amarlo en nuestro prójimo!

Dios los colme con su amor,

Pbro. Héctor M. Pérez V.