VIERNES 14 DE JULIO DEL 2014

EVANGELIO

[No seréis vosotros los que habléis, sino el Espíritu de vuestro Padre.]
Del santo Evangelio según San Mateo 10, 16-23
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: “Yo los envío como ovejas entre lobos. Sean, pues, precavidos como las serpientes y sencillos como las palomas. Cuídense de la gente, porque los llevarán a los tribunales, los azotarán en las sinagogas, los llevarán ante gobernadores y reyes por mi causa; así darán testimonio de mí ante ellos y ante los paganos. Pero, cuando los enjuicien, no se preocupen por lo que van a decir o por la forma de decirlo, porque en ese momento se les inspirará lo que han de decir. Pues no serán ustedes los que hablen, sino el Espíritu de su Padre el que hablará por ustedes. El hermano entregará a su hermano a la muerte, y el padre a su hijo; los hijos se levantarán contra sus padres y los matarán; todos los odiarán a ustedes por mi causa, pero el que persevere hasta el fin, se salvará. Cuando los persigan en una ciudad, huyan a otra. Yo les aseguro que no alcanzarán a recorrer todas las ciudades de Israel, antes de que venga el Hijo del hombre”. Palabra del Señor.

REFLEXION

Hay días que ser cristiano cuesta y a veces cuesta hasta la vida misma. Esto lo han atestiguado muchísimos cristianos que han muerto por creer en Jesús a lo largo de dos mil años.
¿Por qué nos advierte Jesús esto? Porque la fe del cristiano no es un “acto individual e intimista”. El amor a Dios se corresponde amando a nuestro prójimo, y es este gozo del amor de Dios el que nos mueve para transformar la realidad y hacer que todos puedan vivir en condiciones más humanas y dignas.
Sin embargo, incluso para amar encontramos dificultades. No todos queremos ser amados de la misma manera, y tampoco coincidimos en los caminos para alcanzar la plenitud del amor.
Por eso, cuando compartimos nuestra fe, que brota del amor, podremos provocar incomodidad e incluso rechazo. Cuando así sea Jesús nos invita a ser: “precavidos como las serpientes y sencillos como las palomas”. Es decir, precavidos para no renunciar a nuestros valores; pero sencillos para no querer juzgar, condenar o perseguir a quien ame o piense distinto.
Así lo hizo Jesús desde la cruz, fue firme en su amor y en su verdad, y a la vez inmensamente sencillo, pues en lugar de vengarse o condenar, vivió su cruz perdonando.
Nunca olvidemos que podremos ser perseguidos, y hemos de ser sagaces… pero jamás perseguidores. Pues aún a la persona más alejada de nuestra fe, Dios la ama tanto como a nosotros. Y de eso hemos de ser testigos nosotros, como lo fue Jesús en la Cruz.
Porque es eterna su misericordia,

Pbro. Héctor M. Pérez V.