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MENSAJE DEL DÍA DE LAS MADRES
| Monterrey, N.L., 09 de Mayo del 2012.
A TODAS LAS MAMÁS QUE PEREGRINAN EN MONTERREY, ¡PAZ!
"La mujer prudente edifica o realza su casa…" (Prov. 14, 1)
Muchas felicidades a todas las mamás.
Nuestro Señor Dios, que ha creado la vida y el don de trasmitirla les bendiga.
Felicidades por su Ser y el decir Sí a la vida; como mujer y como mamás tienen un lugar muy especial e importante en la sociedad. Ser Madre, no es algo que pueda pasar desapercibido, para ninguno de nosotros. La Madre goza de una gracia divina; su vida y estilo son como imán: que acerca los corazones, que reúne a las familias, y que congrega a la Iglesia.
La mujer es alguien llena de cualidades que les realiza en su gran ser en una sociedad; y con el don de la maternidad física, moral y espiritual, hacen eficaz la ternura de Dios. Las mamás en nuestro bello país han tenido un lugar muy importante en el corazón de los mexicanos y han hecho posible la unidad familiar, así como otros logros dentro de nuestra sociedad.
No puedo dejar de mencionar a nuestra Madre Santísima de Guadalupe, quien nos dijo en la persona de San Juan Diego: ¿No estoy yo aquí que soy tu Madre?; cumpliendo lo que Jesús hizo desde la cruz al dejarla como Madre Nuestra, en la persona del Apóstol Juan. (Jn 19,25-27)
De corazón ¡Feliz Día de las Madres! ¡Busquemos a Jesús: Él es nuestra luz, las tinieblas no le vencieron; con Jesucristo, las tinieblas, no nos vencerán!. Las invito agradecer a Dios este grande don que les concede y a imagen de la Santísima Virgen María, con el niño Jesús, quien crecía en sabiduría y en gracia, (Lc. 2,52); imiten sus virtudes para educar con cariño y corregir con amor
Con mi respeto, oración y bendición.
+ Jorge Alberto Cavazos Arizpe Administrador Apostólico Arquidiócesis de Monterrey
Pbro. Alfonso G. Miranda Guardiola Secretario - Canciller |
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| Dios nuestro, cuya gracia nos transforma de culpables en justos, de infelices en dichosos, no dejes de favorecernos con la acción de tu gracia y con tus dones, y concédenos a los que hemos alcanzado ya la justificación por la fe la fuerza necesaria para perseverar siempre en ella. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén. |
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